Hay una luminosidad que podemos conseguir con un buen cosmético, un tratamiento en cabina o incluso con maquillaje. Y hay otra que es mucho más difícil de imitar: la de una piel que está bien por dentro. Ese es el glow que más me interesa.
Después de tantos años observando pieles, he aprendido a distinguir perfectamente cuándo una piel tiene brillo y cuándo tiene verdadera luminosidad. No es lo mismo. Una piel puede brillar por exceso de grasa o por un producto cosmético, pero el aspecto saludable tiene algo diferente: se ve fresca, uniforme, descansada, jugosa y con vida.
Y para conseguirlo no podemos mirar únicamente lo que aplicamos sobre el rostro. Tenemos que mirar también hacia dentro.
Ya hemos hablado anteriormente de la nutricosmética como aliada de la longevidad y la belleza interna, pero quiero ir un poco más allá. Porque tomar suplementos no debería convertirse en el nuevo gesto automático de belleza. Para mí, la pregunta importante es otra: ¿qué necesita realmente nuestro organismo para que eso termine reflejándose en nuestra piel?
CUANDO LA PIEL APAGADA NOS ESTÁ CONTANDO ALGO
Una piel apagada no siempre necesita otra crema iluminadora.
A veces necesita descanso. Otras veces estamos atravesando una época de estrés, comemos peor, bebemos poca agua o hemos pasado semanas con una exposición solar intensa. Los cambios hormonales y el propio paso del tiempo también pueden hacer que la piel pierda esa apariencia fresca que asociamos con una piel saludable.
Por eso, cuando alguien me dice que ha perdido luminosidad, antes de pensar en cómo conseguir más brillo intento entender por qué la piel está apagada.
Para mí este es un punto fundamental. Podemos utilizar cosméticos, tratamientos y nutricosmética, pero si no identificamos qué está ocurriendo, estaremos actuando sobre el síntoma y no sobre su origen. Y la piel nos da muchísima información si sabemos observarla.
EL GLOW TAMBIÉN SE COME
Nuestra alimentación influye en nuestro bienestar general y la piel forma parte de ese organismo.
Una dieta variada, rica en frutas y verduras, proteínas de calidad y grasas saludables proporciona nutrientes necesarios para el funcionamiento normal de la piel. Me gusta especialmente recomendar variedad: cuanto más color tenga nuestro plato, más sencillo resulta incorporar diferentes nutrientes.
Vitaminas, minerales, ácidos grasos y proteínas tienen funciones distintas. No necesitamos obsesionarnos con memorizar cada ingrediente ni convertir la alimentación en una fórmula matemática. Necesitamos comer bien de manera habitual.
También debemos hidratarnos correctamente. Muchas veces buscamos una piel más jugosa únicamente desde fuera y olvidamos algo tan básico como beber suficiente agua.
Y hay otro consejo que repito mucho: la constancia importa más que cualquier solución exprés. No existe un alimento capaz de iluminarnos el rostro de un día para otro, de la misma manera que una semana comiendo bien no compensa meses de malos hábitos.
¿DÓNDE ENTRA LA NUTRICOSMÉTICA?
Precisamente aquí. Entiendo la nutricosmética como un apoyo al cuidado integral de la piel. Son complementos formulados con determinados nutrientes y otros compuestos que buscan acompañar desde dentro objetivos relacionados con la piel, el cabello o las uñas.
Pero me parece importante utilizarla con sentido común. No debemos pensar que cuantos más suplementos tomemos, mejores resultados tendremos. Tampoco recomiendo comprar un producto simplemente porque un determinado ingrediente se haya puesto de moda en redes sociales.
Colágeno, vitamina C, determinados antioxidantes, minerales o ácidos grasos son algunos de los ingredientes que encontramos habitualmente en este tipo de fórmulas. Lo importante es saber qué estamos tomando, por qué y si realmente encaja con nuestras necesidades. Por eso, mi manera de entender nuestra selección de nutricosmética es la misma que aplico a la cosmética: elegir con criterio antes que acumular.
LA BELLEZA TAMBIÉN NECESITA DESCANSO
Podemos cuidar muchísimo la alimentación y utilizar buenos productos, pero hay un hábito que continúa siendo insustituible: dormir. Lo vemos inmediatamente en el espejo después de varias noches de poco descanso. La piel puede parecer más apagada y el rostro muestra señales de cansancio.
Y ocurre algo parecido con el estrés. Cuando se mantiene durante demasiado tiempo, acaba condicionando nuestro sueño, nuestra alimentación, nuestros hábitos y la forma en la que nos cuidamos.
Por eso, cuando hablo de belleza desde dentro, no pienso únicamente en cápsulas o suplementos. Pienso en un concepto mucho más amplio: alimentación, hidratación, descanso, movimiento, equilibrio emocional y constancia. Ese conjunto es el que crea el terreno adecuado para que la piel pueda mostrar su mejor versión.
DESDE DENTRO, PERO TAMBIÉN DESDE FUERA
No creo en elegir entre una cosa u otra. El cuidado de la piel funciona mejor cuando sumamos estrategias. Podemos trabajar desde dentro con buenos hábitos y, cuando esté indicado, con nutricosmética, y desde fuera con una rutina cosmética adaptada y tratamientos profesionales.
Cuando una piel está especialmente apagada, fatigada o ha perdido vitalidad, en cabina podemos trabajar la hidratación, la regeneración y la luminosidad para ayudar a recuperar su calidad. Es una manera de actuar desde diferentes frentes con un mismo objetivo.
Y vuelvo siempre al diagnóstico. Porque detrás de dos pieles aparentemente apagadas puede haber necesidades completamente distintas.
EL BRILLO QUE NO SE MAQUILLA
Durante muchos años hemos asociado una piel bonita con una piel sin arrugas. Yo creo que esa idea está cambiando, y me alegra.
Hoy me interesa mucho más ver una piel saludable que una piel aparentemente perfecta.
Una piel puede tener líneas de expresión y resultar preciosa porque está hidratada, flexible, uniforme y luminosa. Ese es el glow que busco: el que no intenta esconder la edad, sino conseguir que nuestra piel refleje cómo la estamos cuidando.
La nutricosmética puede ser una aliada dentro de ese camino, pero nunca debemos pedirle que haga sola todo el trabajo. Tenemos que acompañarla con una buena alimentación, descanso, movimiento, hidratación, protección solar, cosmética adecuada y tratamientos profesionales cuando los necesitemos.
A mis 84 años sigo pensando que la belleza tiene mucho más que ver con cuidarse que con perseguir la perfección. El mejor glow no es el que aplicamos antes de salir de casa. Es ese aspecto de piel descansada, cuidada y llena de vitalidad que no necesitamos maquillar para que se vea.
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